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Diaspora Venezolana

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10% de los venezolanos dicen hacer trámites para emigrar

Deseo de abandonar Venezuela supera los momentos críticos de los años 2002 y 2004. Hace una década (según los registros históricos de Datanálisis) apenas 10% de los ciudadanos admitía tener algún familiar residenciado de forma permanente fuera del país. Los detonadores principales para querer salir de Venezuela se encuentra en la violencia, la inseguridad personal y los problemas políticos,

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Tres de cada 10 venezolanos asegura tener algún pariente viviendo fuera del país (Archivo)
EUGENIO G. MARTÍNEZ |  EL UNIVERSAL
domingo 10 de agosto de 2014  12:00 AM
Uno de cada 10 venezolanos asegura estar buscando información o realizando trámites  que le permitan emigrar del país, según los datos de la última encuesta Omnibus realiza por Datanálisis.

La cifra supera los registros  que existen de los dos momentos críticos de emigración de venezolanos en la última década: posterior al Golpe de Estado del año 2002 y al referendo revocatorio presidencial celebrado en el año 2004.

Luis Vicente León, presidente de Datanálisis, explica que en el estudio se realizan tres preguntas básicas sobre la emigración.

En primera instancia se le pregunta a los ciudadanos si tienen algún familiar que  abandonó el país. A esta interrogante 27% de los ciudadanos responde afirmativamente. Vale decir, que al menos tres de cada 10 venezolanos asegura tener algún pariente viviendo fuera del país.

Hace una década (según los registros históricos de Datanálisis) apenas 10% de los ciudadanos admitía tener algún familiar residenciado de forma permanente fuera del país.

La segunda pregunta se enfoca directamente en indagar si los ciudadanos están haciendo planes para emigrar (sin que esto signifique que un ciudadano que esté haciendo diligencias logre concretarlas porque existe una merma importante entre quienes aspiran a a salir permanentemente del país y quienes lo materializan)

Los registros de Datanálisis indican que en los momentos críticos de emigración en los últimos 14 años (2002 y 2004)  apenas 4% de los ciudadanos admitía estar realizando algún tipo de trámite personal para abandonar el país.

La tercera pregunta que se utiliza para obtener datos de los deseos de emigración de los ciudadanos se enfoca en indagar en los motivos para abandonar al país.

León explica que los detonadores principales para querer salir de Venezuela  se encuentra en la violencia, la inseguridad personal y los problemas políticos, antes que en la crisis económica.

El presidente de Datanálisis sostiene que aunque en el continente los estratos más pobres de la población suelen ser los emigrantes naturales (por razones económicas antes que políticas) en Venezuela la mayoría de quienes aspiran a vivir en otros países pertenecen a los estratos más altos de la población (AB / C)

Sin embargo, precisa que esto no significa que personas de la clase D no estén valorando la idea de probar fortuna fuera de Venezuela.  

Según los datos aportados por la última encuesta de Datanálisis el perfil natural del emigrante venezolano es el de personas jóvenes (ubicadas en  entre los 18-35 años), profesionales o tenedores de capital cuya contribución al PIB del Estado es la mayor.

Los datos aportados por el investigar Carlos Subero (se plasman en el libro "La alegría triste de emigrar") sugieren que el incremento en la cantidad de personas que aspiran a irse de Datanálisis coinciden con los datos de los dos últimos censos en EE.UU. Según Subero, del año 2000 a 2010 la cantidad de venezolanos en EE.UU. creció 135 por ciento. Mientras 91.507 venezolanos respondieron al censo 2000 la cifra llegó a 215 mil habitantes venezolanos en el año 2010. En Sudamérica representó el mayor crecimiento después de Uruguay (202,5 por ciento) y Bolivia (135,8 por ciento). Subero aclara que esta cifra no incluye los casos de venezolanos que se encuentran en el territorio de forma ilegal o como población no autorizada.

Precisa Subero que en el caso de EE.UU. "la gran mayoría de los venezolanos que intenta aventurarse a emigrar entra con visa de turista o negocios de no inmigrante. Durante el año 2010, ingresaron 527.907 ciudadanos venezolanos con visa de no inmigrante, según documento de su I-94 (Incluye turismo, negocios y permiso de trabajo).

Emotiva Reflexiòn

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¿Me quedo o me voy de Venezuela?

En El Cementerio, con la luz apagada, sentía silenciosamente el llanto de mi madre...

CARLOS DORADO |  EL UNIVERSAL
domingo 14 de septiembre de 2014  12:00 AM
Quizás ésta sea una de las preguntas que más nos hacemos últimamente los venezolanos. Y más allá de la respuesta que cada uno pueda darse, quisiera como un humilde homenaje a todos los que se han ido, transcribirles un pasaje de mi libro: "A la madre que me parió".

"¡Nunca me gustaron las despedidas! Quizás por el hecho de que siendo muy niño, mis padres, escapando de la miseria de una España empobrecida por las secuelas de una guerra civil, decidieron buscar fortuna en Venezuela.

Fue un 21 de septiembre, y salimos a las cuatro de la mañana para Madrid. Mis padres dejaban atrás a mis cinco hermanos, llevándome con ellos, por la sencilla razón de que era el más pequeño. En ese momento la emoción por viajar, por saber que me iba a montar en una de esas cosas que volaban, y por el hecho de que iba a conocer América, no me permitieron entender la inmensa tristeza del momento y la trascendencia de esa decisión.

Hoy no tengo palabras para describir lo que significó esa despedida para mis padres. Mi padre, se metió inmediatamente en la parte de atrás del carro, con la cabeza agachada. No quería despedirse de mis hermanos. No quería que lo viesen llorando. Creo que fue una de las pocas veces que lo vi llorar, con ese llanto callado, típico de los hombres que tratan de tapar, o mejor dicho mostrar su hombría, pero no por eso el dolor cambia. Mi madre se abrazaba muy fuerte con cada uno de sus hijos, como pretendiendo quedar petrificados para siempre en el abrazo. Hubo que separarla de mis hermanos en medio de llantos y gritos, en una despedida que duró al menos una hora. No había palabras, solo se escuchaba a esa hora el llanto de mi madre y mis hermanos.

¡Por fin arrancamos! En ese momento observé una de las escenas más tristes que recuerdo. Mi madre mirando hacia atrás, con unas lágrimas que caían sin parar y le impedían respirar normalmente; su cara reflejaba un profundo dolor, viendo cómo sus hijos, todos abrazados y llorando, se iban alejando a medida que el carro tomaba velocidad, mientras mi padre continuaba con la cabeza agachada llorando en silencio. ¡Qué escena tan triste!

Apenas estábamos dejando atrás el pueblo, tuvimos que pararnos ante los llantos de mi madre. Se bajó del carro gritando y comenzó a correr por la carretera hacia el pueblo, como buscando desesperadamente terminar una aventura que apenas había comenzado. Después de unos veinte metros se detuvo repentinamente, se tambaleó un poco, cayó de rodillas y quedó contemplando el pueblo, como para grabárselo en su mente para siempre, a pesar de que todavía era oscuro. ¿Qué pensaría en esos momentos? En medio de su inmenso dolor, sabía que la pobreza y la búsqueda de un futuro mejor para su familia, exigía continuar adelante. ¡El amor que exige dolor!

Regresó de nuevo al carro. El viaje a Madrid duró unas diez horas, y ni un solo minuto esos ojos azules y pequeños de mi madre dejaron de llorar. Tardamos diez años en volver a ver a mis hermanos, y casi todas las tardes al oscurecer, en la pequeña habitación de la pensión donde vivíamos en la zona de El Cementerio, con la luz apagada, sentía silenciosamente el llanto de mi madre. Lloraba en silencio, lloraba para ella.

Una tarde le dije: '¿Mamá hasta cuándo vas a seguir llorando?', me respondió: 'Carlos; trabaja duro, sacrifícate, logra un futuro y cuando eso suceda, porque sucederá si tú quieres que así sea, serás el mayor justificativo de estas lágrimas'. No supe qué responderle; me puse a llorar con ella".

Reflexion Migratoria

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Los mejores viajes son los que se hacen hacia tu interior

Embajad               Embajador  Luis A. Velasquez P.

Cofunda            Co-fundador del Centro de Capacitación Migratoria

Co

 

"¿Qué ganamos con navegar hasta la Luna, si no somos capaces de cruzar el abismo que nos separa de nosotros mismos.”

Thomas  Merton, Monje   Trapense y Poeta

      

Cuando se piensa en un viaje, lo primero que viene a la mente es la posibilidad de  trasladarse de un país a otro, recorrer largas distancias, explorar nuevos mundos, conocer distintas culturas y experimentar aventuras. Pero cómo se puede hacer todo eso, si el viaje más importante no se ha podido hacer?: el viaje interno, el lugar en donde encuentran todas las respuestas a las preguntas fundamentales que debes hacerte antes de asumir la decisión de viajar, particularmente cuando ese viaje lleva consigo la decisión de trasladar tus expectativas de vida hacia otros lugares. El viaje interno es un tanto extraño, pero posible y necesario.

A lo largo de nuestra vida pasamos por distintas etapas, y en cada una vivimos experiencias que nos enseñan, nos hacen madurar y crecer como individuos, eso es cierto y fácil de reconocer, sin embargo, existe una verdad en este hecho que muchas veces no es considerada, y es que en ese permanente aprendizaje, estamos constantemente “viajando” dentro de nosotros mismos, porque las experiencias que vivimos y las lecciones que aprendemos se dan en los distintos planos que conforman nuestra realidad interna o psíquica, vale decir, en los planos emocional, mental, físico y espiritual. Cada experiencia nos lleva de un plano al otro y nos obliga a viajar y a movernos constantemente dentro de estos estados internos. Esto conforma la base fundamental para considerar, a partir del plano interno, todas las opciones en el desarrollo de nuestra vida.

El objetivo final de este viaje interno  no es otro que la integración, es decir, desarrollar la habilidad para mantenernos íntegros, conectados internamente y completos como individuos, al fortalecer nuestra capacidad para vincular todos estos planos hasta convertirnos en la persona capaz, no solo de tomar decisiones sobre nuestra vida y la de los que lo rodean, sino de asumirlas,  materializarlas y llevarlas a buen fin. En tal sentido tres preguntas son necesarias a estos fines: 

DEBO?, TENGO?, O QUIERO?, son tres preguntas que debemos hacernos internamente a la hora de tomar cualquier decisión:

 

  • DEBO?: se refiere a la situación sobre la cual una persona tiene que dar, hacer, o no hacer algo que lo afecta a él y a su entorno. Básicamente esta pregunta encuentra su estimulo en el ambiente que lo rodea, bien sea por determinismos políticos, de seguridad, económicos, familiares y/o culturales.Pueden ser de variada naturaleza, sin embargo es la pregunta que normalmente nos hacemos y respondemos, haciendo caso omiso a las otras dos, que son fundamentales para el establecimiento del equilibrio en la toma de decisiones.

Ejemplo: ¿Debó irme del país?

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